1/09/2015

Tirarse a la Mar: comentarios a Diez mil venados...

Diez mil venados o primero el mar.
Emiliano Rafael Aréstegui Manzano.
UAEM, 2012.
(Comentario)


Por: Francisco Ziga.
Púrpura AC.

Después de caminar y nadar varias veces en la densa lectura de “Diez mil venados o primero el mar”, se me revelan varias preguntas ineludibles, a la hora de su relación con las Jornadas “Luz María Martínez Montiel”. ¿Por qué presentar este libro alucinante? ¿Qué hay de pensarlo como originario de Costa Chica? ¿Qué me dice de lo afromexicano y de lo indigena? ¿Qué nos propone? La verdad es que, acongojado yo, no logro atinar respuesta pertinente, sólo a relampaguear, como en tormenta marina, algunas ideas que se me vienen, como dice el autor: “a río corriendo, en de repente”.
De lo que sí estoy seguro es de que los poemas refieren a la región multiétnica llamada Costa Chica, con sus grupos originarios y sus costumbres y vivencia del mundo, pero también a la pendiente afromexicana presente en sus “bajos” o planicies, “llanadas” o sabanas, lomeríos, lagunas, esteros, charcos, ríos, ensenadas y comeríos de animales marinos. Lleno también de “Ojos negros de mujeres negras”, con su modo de ser y estar, con sus voluptuosidades de caderas y de “un meneo que marea” en la arena, en el cerro, en el mar, en la laguna y en la bocabarra.
El lenguaje que se ha constituido en nuestra región, tiene sus vasos comunicantes entre sus formaciones culturales, entre los horizontes diversos. Reitera el libro de manera genial nuestros lugares comunes combinándolos con las varias formas de “estar”: “Me alagarté en la tarde” “Atilinqué la memoria hasta lo antes”. Uno puede tomar forma de animal con mucha facilidad, más tratándose de nuestro nagual. Hay formas lingüísticas únicas que revela y que se aplican tanto a espacio (“Allá hay un muerto, más antes de llegar a la parota”) o a tiempo (“... en el ala temprana de la noche | o más antes, pero ya en rocío”) y que nos asoman en territorios lingüísticos desconocidos.
Cada poema puede concebirse como un mito. El poema IV es un canto de naguales. Refiere a la forma en que uno adquiere su nagual, el que es diferenciado entre las culturas locales. También la lucha entre ellos, que puede advenir en daños físicos o emocionales a la persona. El conjunto puede concebirse como una mitología de la Costa Chica. Así lo diviso.
No nos salva del éxtasis por excelencia; dice: “... tensé la cuerda | solté la flecha | un aguacero de pájaros asaltó la cascada”, en una forma de decirnos algo sin decirlo “ ...la puerta se abre | y sale corriendo | en diez mil venados”, porque “El gamito no es gamito”, es otra cosa. Que forma más bella de decirnos que existe un “Ahuehuete en el aire que en raíces rema” y que de manera sublime equipara dos reinos diferentes y los aparea en uno solo.
Hay un sentido rulfiano en “Diez mil venados o primero el mar”. Si Pedro Páramo se sentó al borde del camino “a esperar el sueño”, se propone aquí que el tiempo no es patrimonio humano, puesto que también “jabalí”, “… espera el tiempo … ”. El tiempo, eso que somos, porque “Soy la tarde | en mí pasea el tiempo | a mí me marca marcándome”. “No es el tiempo el que se va, es uno el que se acaba” dice la ontología Ñuu Savi del tiempo en voz de mi compadre Eloy Martínez, de Waspala.
También hay una crítica hacia la deshumanización del hombre, a su hambre obscena, demandante, que destruye y mata. El hombre se queja del grito de la misma naturaleza: “Mosquitos dice que el hambre no se me quita | porque no es hambre lo que tengo” y le propone otro tipo de relación con la naturaleza, consigo mismo. Al final, el cazador es cazado por su misma vorágine.
En Maldonado se profundiza la analítica marina “El mar inmenso | No hay distancias | No hay tiempo | El mar todo | Y yo mirando” El estado atemporal del subconsciente imaginado como un mar (“Un inmenso manantial de tiempo estancado”). La subjetividad arranca del mirar, de la conciencia humana, pero también de los “otros-vivos-no humanos”, porque del mar: “Ahora se ha dicho en las cantinas | Que también en él andan los lagartos”.
Hay una tensión entre Pueblo y Mar: “Nada de ti en el pueblo | Nada de ti en el mar”, tensión que no se ve sino hasta descubrir la dialéctica entre lo frío y lo caliente. “El pueblo es caliente... el mar es fresco”. No es casual que una de las etiologías de las enfermedades y formas de curarlas esté en la exposición a determinados estados de temperatura. La medicina tradicional indígena y afromexicana lo sabe muy bien. En ese sentido el mar sería lo atemporal, lo húmedo, lo fresco; el pueblo lo temporal, lo seco, lo caliente.
Hay otro sentido del mar “… como escenario donde danzan las almas de los muertos”. Aquí, recuerdo las palabras de Carlos Rúa en el Foro Afromexicanos de 2007 realizado el José María Morelos, Oaxaca: “ El mar es el panteón de los mayores”, porque durante la trata esclavista del traslado forzado de 40 millones de africanos al Continente Americano como lo relata la Dra. Martínez Montiel, 1 de cada 3 esclavizados quedaron en el panteón atlántico. ¿Es el llamado del caracol un llamado hacia los muertos que quedaron atrapados en el lecho marino? ¿O acaso es ese nuestro destino común, porque “Todo nace muerto, muerto sigue, seguirá”? Lo cierto es que somos parte del mismo retorno, del mismo ciclo de lo animado-inanimado, porque “Somos nutriente del mar”.
Hay una tradición de los pescadores nahua-chichimeca y de los afromexicanos en relación a los muertos, que tiene que ver con un ritual marino/lagunar en Puerto Ángel, Corralero y Minitán. A los muertos se les lleva en procesión en lanchas o cayucos atravesando el mar o la laguna, hasta llegar al panteón. ¿Reitera el entierro el viaje de regreso a África? Nos dice el autor: “Meciéndome hamaco las almas de los muertos”.
Termino diciendo tres cosas. La primera que todo lo anterior nos planeta la amenaza permanente de la muerte: “El mar | Puedo escucharlo | me mece en la hamaca sin mecerme”. La segunda, el consuelo de volver a renacer: “Hoy soñé con los desaparecidos | Que hace antes | Fueron sembrados en el aire”. Si los desaparecidos fueron sembrados, van a renacer. Y en ese tenor, “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”. Y la última es que propongo Diez Mil Interpretaciones a Diez mil venados... y después… tirarse a la mar.

Costa Chica de Oaxaca. Noviembre de 2014. Mes de los muertos.

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