2/16/2007

LA DANZA DE LA TORTUGA: RELACIONES ENTRE INDIOS Y NEGROS EN LA COSTA CHICA DE OAXACA.

LA DANZA DE LA TORTUGA: RELACIONES ENTRE INDIOS Y NEGROS EN LA COSTA CHICA DE OAXACA.[1]


José Francisco Ziga Gabriel.
Maestro en Ciencias en Desarrollo Rural Regional.
Universidad Autónoma Chapingo.
jfziga@yahoo.com.mx

La Costa Chica es un extenso corredor que en su porción mas septentrional nace en Acapulco, Guerrero y corre en dirección sureste hasta Huatulco, Oaxaca, presenta cierta homogeneidad en términos geográficos, pues son comunes para toda el área los paisajes de lomeríos suaves, sabanas, planicies costeras, pié de monte y sierra. Los perfiles altitudinales de transectos a lo ancho de la región comparten estas condiciones fisiográficas para cada uno aunque varíen en forma; pero dicha homogeneidad se derrumba en el terrero de las relaciones sociales, pues hablando de la porción oaxaqueña existen algunas formaciones o complejos culturales interactuando en diversos grados de proximidad geográfica y cultural: tales son los grupos Amuzgo, Mixteco, Afromestizo, Tacuate, Chatino, Zapoteco y Mestizo. Desgraciadamente el grupo etnolingüístico Mexicano de Pochutla, asentado en el corredor Huatulco-Pochutla-Tonameca desapareció a principios del siglo XX y junto con sus últimos hablantes, toda la tradición oral que pudiera servirnos para reconstruir la relación entre el hombre chichimeca y sus formas de relación con el medio y vida marítimas.
Pero de lo que nos interesa hablar ahora es de dos subregiones, una denominada Mixteca de La Costa y la otra, su vecina, la Zona Negra como se le llama, ambas dentro de los Distritos de Jamiltepec, y parte de Juquila, Oaxaca. La primera es caracterizada por su población indígena, con fuerte pendiente civilizatoria mesoamericana que implican su relación cercana con la tierra y el maíz; y la segunda por agregados de población negra, introducidos en la región durante el siglo XVI como esclavos o capataces de las haciendas estancieras. Si extrapolamos el concepto de “pisos ecológicos” a las formas de control de los nichos productivos por parte de los grupos diferenciados étnicamente, encontramos que en la Planicie costera y en la Sabana, un territorio no mayor a los 80 msnm, los procesos de apropiación de los recursos –cuando menos en lo inmediato- están en manos del grupo afromestizo, con el desarrollo de ganadería en pequeña escala, agricultura comercial y pesca marítima y lagunar; Los mestizos cuentan con propiedades territoriales en algunas porciones de la Planicie costera y el Lomerío suave, con intereses en la ganadería y el comercio, lo que los posiciona favorablemente en varios espacios; y los Mixtecos en porciones de lomerío suave y pronunciado, el pié de monte y la sierra, donde son propicios los policultivos tradicionales de milpa, café, ganadería de especies menores y explotaciones forestales. Tenemos una geografía étnica mas o menos delimitada, que reitera las prácticas de los grupos sociales que la han habitado: la continuidad del patrón prehispánico de asentamientos indios entre los 200 y 600 msnm, donde las condiciones son mas benignas; por otro lado la continuidad de los poblamientos afromestizos de la Colonia en la planicie costera y sabana, controlados hoy bajo la figura legal de ejidos agrarios. En otro corte, a las poblaciones mayoritariamente afromestizas o indias, se contraponen centros con cierto grado de desarrollo urbanístico como Pinotepa Nacional y Jamiltepec, constituidos como sociedades poliétnicas. Es decir que estamos ante espacios territoriales construidos históricamente y fuertemente diferenciados en su interior, bajo el ordenamiento del ejercicio del poder regional fuertemente centralizado.
La región vive entre una larga tradición de poder caciquil que divide y enfrenta a los grupos subordinados en relaciones conflictivas; y una larga relación de intercambios tanto biológicos como culturales entre indios y negros (Rodríguez, Ziga 1988:36). Es decir entre una tensión permanente de fuerzas disgregadoras ordenadas desde el poder y esfuerzos de convivencia pacífica a través de los intercambios de diverso tipo entre los actores de la escena regional.
Trataré aquí de demostrar, en el ámbito de las relaciones culturales o en el espacio de lo simbólico, mediante el ejemplo de la danza de La Tortuga, ciertos mecanismos de interrelación social y préstamos culturales que han sucedido en varios momentos entre grupos y poblaciones mixtecas y afromestizas. Para ello recurrimos a la tradición oral, a la comparación entre las formas de ejecución de la danza entre morenos e indígenas y a los intercambios culturales derivados de fiestas ligadas a calendarios rituales y procesos de reafirmación étnica.
Existen 16 danzas que constituyen parte del patrimonio cultural de la Mixteca Costeña. De ellas la danza de la Tortuga se practica en varias comunidades como San Juan Colorado, Santa María Nutío, Pinotepa de Don Luis, Santa María Yosocani, San Lorenzo, San Agustín Chayuco, Santa Elena Comaltepec, Santiago Tetepec y San Andrés Huaxpaltepec. Entre los morenos en la única población donde se practica es en José María Morelos, Municipio de Santa María Huazolotitlán. Las referencias sobre las danzas negras de Oaxaca (Larrea 1998, Bartolomé y Barabas 1989, Ziga 2000) se remiten a Los Diablos, La Tortuga y El Toro de Petate. Se identifica a la primera como la más representativa de la población negra (Larrea 1998). Sostenemos aquí como hipótesis, basados en la tradición oral y en la existencia de un núcleo de comunidades que practican la danza de La Tortuga, que su origen local se encuentra ubica dentro de pueblos indios y que en el marco de contactos permanentes con comunidades negras, ha sido tomada en préstamo, que pervive y se refuncionaliza en nuevos esquemas de significación e interpretación.

El paso de la tortuga.

En la versión de Huaxpaltepec, donde la he podido advertir dos veces, una en las fiestas de Navidad y otra en la mayordomía de Santa Teresa (aunque podrá bailar en otras mayordomías para alegrar la fiesta), se acompaña con orquesta de viento, iniciando con una especie de marcha a ritmo de tres tiempos, Sones y Chilenas. Podrán ser de cinco a diez parejas quienes bailan alrededor de la tortuga, es decir que es un baile circular. Bailan también El Viejo y La Vieja, imitando a los danzantes y dirigiéndose al público. Las ropas que utilizan son usadas ya y rotas en algunos casos. Llevan máscara. La tortuga esta construida de un armazón de bejucos, cubierto por una tela color amarillo y con manchas negras. Sobre la tortuga emerge la cabeza del danzante que aparenta estar acostado sobre el caparazón, porque lleva un pantalón y una camisa rellenas de trapos y sujetos a la superficie de la tela o caparazón. De la cabeza de la tortuga emerge un palo que, a manera de miembro sexual, entra y sale del caparazón, y siempre que puede, se trata de introducir entre las piernas de los danzantes o del público. Es común que algunos danzantes terminen totalmente ebrios, ya que en el transcurso de tres horas que dura la danza, se toma aguardiente. Aquí la danza se contextualiza en el espacio ritual de la mayordomía. Por la forma en que se interpreta y el lugar del baile, nadie sabe distinguir los límites entre su naturaleza mágico-ritual y su carácter erótico.
De la tradición oral de Santa María Nutío, población ubicada en la periferia norte del núcleo de pueblos indios de la Mixteca costeña nos llega el siguiente mito[2]: “la danza de la tortuga nació porque ella quería visitar a Dios. Para eso empezó a hacer una torre de piedras, pero a un zopilote se le ocurrió ir a calentarse allí, derrumbando varias veces lo que la tortuga construía. Ésta, molesta le reclamó, a lo que el zopilote respondió con el ofrecimiento de llevarla al cielo. Se trepó la tortuga sobre el zopilote y a medio vuelo la tortuga le reclama sobre la pestilencia de su cuerpo, a lo que el zopilote amenaza con tirarla desde arriba. Por fin llegan a las puertas del cielo. El zopilote le comenta que no dispone de mucho tiempo para esperarla y la tortuga se dirige al portero a quien le explica su propósito de visitar a Dios. Se dirige hacia el gran trono enmedio de muchas almas, bailando, dando vueltas. ¿A que vienes?, dijo Dios. A saludarte y me eches la bendición y que yo viva otro poquito, contestó.¿Que es lo que bailas? ¿es danza?, dijo Dios. No, es mi paso, dijo la tortuga. Se despidió de Dios después de recibir su bendición y se dirigió a la puerta, pero las almas no querían que se retirara, pues les había gustado el paso de la tortuga. Al ver que ya era tarde, salió del cielo, pero ya el zopilote se había marchado. Desde allá la tortuga vio un río en la tierra y en la rivera un venado. No lo pensó dos veces y se tiró desde el cielo, cayendo sobre la cabeza del venado, quien murió en el acto, pero la tortuga perdió en el impacto su concha que voló en pedazos. Pasaba por allí un gran león quien viendo la tortuga en esa situación la amenazó con comerla. La tortuga apeló a la bondad del león y le pidió: junta mis trapos y añádelos y te prometo entregarte el venado que maté. El león aceptó, juntó las conchas y las añadió, por eso la tortuga tiene la concha dividida en muchos pedacitos. Finalmente el león quedó feliz con su gran manjar, el venado. Descansó la tortuga y al otro día empezó a bailar dando vueltas y chiflando. Por allí pasaban tres iguaneros, que al ver el espectáculo pusieron mucha atención y se grabaron la tonada, al llegar al pueblo, empezaron a platicar, se organizaron y empezaron a ensayar. Allí es donde nació la danza, pero no es danza de la tortuga de mar, porque ese animal nunca sale a lo seco, salen nada mas a poner huevo a la playa, o sea que la danza es de la tortuga de cerro. La música que la tortuga bailó en el cielo es la que bailan aquí los danzantes, es la música que tocaban los ángeles allá. La tortuga chifla una vez nada mas en el mes de octubre, como chiflaba la música del cielo. Nosotros los mixtecos tenemos un cantito cuando bailamos: Na que na quita / Chini ve londo/ Ni ndivi na ye / Chini ve londo // Na que na quita / Cha’a ve londo / Na que na quita / Cha’a ve londo. Sale y esconde la cabeza, saca el pie y esconde el pie. La danza de la tortuga nació en los pueblos mas viejos y de allí ya se ha venido extendiendo a otros pueblos mixtecos[3].
Ahora bien ¿que significaciones encierra este mito de origen de la danza?. Primero, su origen divino. La tortuga así como le pide a Dios un poco mas de vida, se reitera en los danzantes, pues se baila no solo por placer, sino por una especie de doble compromiso de los danzantes con el mayordomo y con el santo celebrado. El mito-fábula también implica moralejas en varios sentidos: sobre las resultados desastrosos de las burlas hacia los demás (hacia el zopilote), sobre el valor de la audacia ante situaciones problemáticas (el aventarse desde el cielo) y apelar a los buenos sentimientos de los demás (el león). Otro aspecto de interés es la construcción fabulosa en torno a la naturaleza terrestre y no marítima del animal. La naturaleza circular de la danza se parece a la configuración circular (¿o esférica?) del tiempo indígena de su ciclo ritual donde unos entran y otros salen y con un inicio y un fin diferente para cada comunidad, ligado estrechamente al calendario agrícola.

La tortuga llegó al mar... (o nunca mas fandango al cielo).

La danza negra de la tortuga se baila en José María Morelos, como ya se ha dicho. Esta es una comunidad asentada en la planicie costera del municipio de Santa María Huazolotitlán. Sus habitantes son en su mayoría afromestizos. Morelos es la población que reúne a un mayor número de morenos en una sola unidad comunitaria. Aquí se siembra el limón, ajonjolí, cacahuate y papaya y se cría el ganado vacuno. Desde 1990 Morelos ha pasado por un proceso de revalorización de sus costumbres y tradiciones con la creación de una Casa del Pueblo. Primeramente un grupo de maestros y jóvenes de la comunidad se dieron a la tarea de “rescatar” la danza de la tortuga, que no se bailaba ya desde hacía unos treinta años. Para ello recurrieron a los viejos del pueblo que la habían bailado en su juventud. Ellos enseñaron los pasos y las coreografías a los nuevos. Así renace, junto con la danza, un proceso de revalorización étnica, al retomar una manifestación cultural que se considera como propia y el inicio de los encuentros de música y danzas indígenas y afromestizas en el marco de la fiesta del 3 de mayo, día de la Santa Cruz.
En la opinión de los promotores culturales de la comunidad, la intención de la danza es ridiculizar el dominio español y rememorar la explotación que se hizo de los esclavos negros durante la Colonia. El látigo que lleva el Pancho en las manos, representaría en este orden de ideas, el control y la disciplina impuesta por los españoles hacia los negros. La Minga es la mujer del Pancho, coqueta y alegre con el público. Danzan además siete o mas parejas, la mitad disfrazados de mujeres. Llevan máscaras, sombreros, camisas y pantalones rotos y remendados, aunque los programas culturales del gobierno los han orillado a uniformarse con ropa folclórica: pantalón de manta y camisas color pastel, manga larga y abiertas al frente. La danza consta de siete sones que no varían mucho en la música, pero sí en los pasos (IOC 1994). La dotación instrumental es la combinación de tambor y armónica. En la tortuga afromestiza de Morelos, la Minga juega un papel activo, pues ofrece a su “hija”, una muñeca, a las personas del público. Si a quien se la ofrece no la toma, la Minga grita llamando al Pancho para que castigue a quien desprecia a su hija; si la toma, llega el Pancho inmediatamente a reclamarle el que tenga a su hija en brazos y acusándolo de “tener que ver” con su mujer, por lo que le impone un castigo como el bailar con la Minga o aportar con algo a los danzantes. También la Minga puede sacar a bailar a alguien del público con el riesgo de ser ridiculizado por las amenazas del Pancho con el fuete que porta. En alguna parte de la danza, el Pancho baila con la Minga en una forma grotesca e imitando un acto sexual. La tortuga danza alrededor de los personajes simulando un desove en la parte final de la danza, depositando huevos de tortuga (bolas blancas de plástico ahora) que son tomadas por el Pancho para ofrecerlas a alguna personalidad invitada al festejo. Los pasos de los danzantes que lo hacen en hileras son rítmicos y tratando de llevar una uniformidad en la cadencia moviendo los brazos y caderas libremente.
¿Como llegó la tortuga a constituir parte del patrimonio cultural de los Afrooaxaqueños?. La hipótesis de su origen indio soportada por el núcleo importante de comunidades mixtecas que lo bailan y por la tradición oral de su mito de origen, se refuerza por otra historia contada por Margarita López de San Andrés Huaxpaltepec a Alejandra Cruz (1998:135), del cual presentamos un fragmento: “La tortuga le dijo (al zopilote): ¡Como me gustaría volar como tú!; estor cansada de andar por la tierra horas y horas, quisiera volar encima de las nubes... El zopilote contestó: prepárate porque te voy a llevar a dar una vuelta al cielo. El zopilote se echó en la tierra para que la tortuga pudiera subir. Así volaron muchas horas. La tortuga ya se quería bajar porque ya no aguantaba el mal olor que tenía la cabeza del zopilote, y decía en voz baja: Zopilote, como te apesta la cabeza, que sucio está tu cuello. El zopilote alcanzó a oír el insulto. Le preguntó: ¿que me dijiste?. Que tu cabeza tiene un olor muy rico. El zopilote no alcanzaba a oír bien lo que la tortuga le decía por el ruido que hace el viento. Empezó a bajar y pudo escuchar bien. Entonces se enojó mucho porque oyó el insulto. Tortuga, te voy a meter a la lumbre (dijo), y la tortuga dice: Échame, además la lumbre es mi casa. El zopilote le creyó y no le echó a la lumbre, y le dijo: Ya sé, te voy a tirar al mar. La tortuga lloró y dijo: En el mar no, por que me muero, por que me ahogo. El zopilote creyendo que había matado a la tortuga, se fue y la tortuga, mientras iba cayendo dijo: ¡que tonto zopilote viejo! Me vino a dejar otra vez a mi hermosa casa”.
Esta narración, que es una versión modificada de la de Santa María Nutío que cuenta Victorio Santiago, ilustra suficientemente el viaje o movimiento de la tortuga de la tierra al mar, es decir, de la parte serrana, de territorios indios, hacia la planicie costera, de territorios afrocosteños. San Andrés Huaxpaltepec, donde se baila la tortuga y de donde procede la versión de la tortuga viajera, está, por otro lado, a medio camino entre Santa María Nutío y José María Morelos, estableciendo un paralelo demasiado coincidente. Seguramente la danza llega a Morelos como en un receptáculo ideal, por la importancia que la tortuga tenía y sigue teniendo para la gente que vive en los litorales.
Por lo demás no debemos olvidar, que como lo cuenta Atristain, los ejércitos zapatistas, que lucharon durante la Revolución contra los carrancistas de Pinotepa, estaban integrados tanto por indios de Huaxpaltepec, Huazolotitlán, Jamiltepec y Pinotepa, como por negros de Poza Verde, como se llamaba en ese entonces a José María Morelos, constituyendo ejércitos pluriétnicos, contra lo que el mismo también sostiene, en el sentido de regimientos de color: aunque para el caso de los carrancistas puede ser cierto que la tropa estaba constituida mayormente por morenos; para los batallones zapatistas esto no era así. Se dice que quien le disparó a la estatua de Juárez en el centro de Jamiltepec (todavía se observa el orificio de salida), fue un negro de Morelos.
Hay otro cuento de la tradición morena, del otro lado de la subregión, en la comunidad de El Ciruelo, cuyo personaje central es el conejo, pero la enseñanza final emerge de lo que le sucede a la tortuga: la tortuga le causa un mal a Tío Conejo, quien en venganza le pide un favor al águila, le dice que si se quiere comer a la tortuga, lo puede hacer, solo tiene que soltarla desde arriba para romper su caparazón. Su amiga águila acepta aventarla desde arriba y para ello engañan a la tortuga diciéndole que va a ver un fandango en el cielo. Esta se entusiasma y decide que la traslade el águila; pero el águila la suelta esperando que se rompa su caparazón y se la come. Mientras caía, la tortuga gritaba “jamás iré a un fandango al cielo... jamás fandango al cielo”. (Díaz 1993)
En las tres versiones se maneja el viaje o vuelo de la tortuga al cielo: en la primera, cuando se crea la danza; en la segunda, cuando la tortuga viaja al mar y se salva de morir al engañar al zopilote, posibilitando su pervivencia, aunque en otro medio; y en la última, la tortuga muere en manos del águila, dando a entender que en esa parte de la zona negra no pudo ser posible la adopción de la danza.
En 1990 se inician, como ya comentábamos, en Morelos, los encuentros de Música y danzas indias y negras, con participación de Casas del Pueblo de otras comunidades tanto mixtecas como negras. Poco a poco los encuentros fueron creciendo tanto en número de participantes como en variedad, constituyendo importantes encuentros multiétnicos. A esto se fueron agregando otros tipos de eventos regionales como el Aniversario de la Radiodifusora Cultural Indigenista de Jamiltepec cada 5 de mayo desde 1995 y los Encuentros Culturales para el Desarrollo en San Juan Jicayán el 22 de noviembre en la mayordomía regional de Santa Cecilia para celebrar el día del músico desde 1997.
El préstamo de la Danza de la Tortuga de la población india hacia los negros forman parte de un conjunto mayor de intercambios que es necesario ahora aclarar, apoyados por la tradición oral y la comparación de los habitus en los modos de vida y de ser de estos pueblos. Este préstamo, junto con los intercambios culturales no solo en las fechas ya descritas arriba, sino en eventos que no son movidos quizá por un afán integrador en lo inmediato, como es el caso de las mayordomías, están desmitificando la idea de la “fricción permanente” entre indios y negros, y sí en cambio, la posibilidad de la “fricción interpuesta” entre ellos por los mestizos, pero también los dichos esfuerzos de convivencia pacífica y de intercambio que hace posible su posición subordinada dentro del espacio social regional.



BIBLIOGRAFÍA.
1. Atristain, Darío. Notas de un ranchero. relación y documentos relativos a los acontecimientos ocurridos en una parte de la Costa Chica, de febrero de 1911 a marzo de 1916. s/e. México. 1964. 316 pp.
2. Bartolomé, Miguel y Alicia Barabas. Negros en Oaxaca. México Indígena No.2, noviembre de 1989.
3. Cristina Díaz, et al. Jamás fandango al cielo. Narrativa afromestiza. Dirección General de Culturas Populares. México. 1993.
4. Cruz Ortíz Alejandra. El nudo del tiempo. Mitos y leyendas de la tradición oral mixteca. CIESAS, México. 1998. 165 pp.
5. Instituto Oaxaqueño de las culturas. Festival Costeño de la Danza. 1994, Oaxaca, México.
6. Resler, André. Mitos políticos modernos. FCE 1ª ed. México 1984.
7. Reyes Larrea, Israel. Las danzas afromestizas de la Costa Oaxaqueña. En Huaxyacac. IEEPO. Año 5, No.15, mayo-agosto 1998.
8. Ziga Gabriel, José Fco. Cultura y tradición en un área de fricción interétnica: la Mixteca de la Costa en el Estado de Oaxaca. INI Jamiltepec, Oaxaca, México. 2000, 47 pp.

[1] Ponencia presentada en la II FERIA NACIONAL DE LA TORTUGA MARINA. Mazunte, Oaxaca. 14 al 17 de octubre 2003. Museo Mexicano de la Tortuga- SEMARNAT.
[2] Un mito es una historia o una fábula simbólica que esclarece un número ilimitado de situaciones mas o menos análogas, a partir de un acontecimiento histórico o de un hecho que habría tenido lugar en el origen de los tiempos. Este relato, esta historia dramática, tiene un valor prescriptivo, paradigmático cierto. Su función consiste en reforzar el prestigio de la tradición,... situando sus orígenes en un momento inicial o en un hecho creador sobrenatural (Resler 1984)
[3] Debemos el relato a Don Victorio Santiago Tapia, indígena y ex-trabajador del INI, gestor social, promotor cultural y un gran conocedor de la tradición oral entre los Mixtecos. Danzante además de varios grupos.
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